La batalla por tu atención
- Dra. Jessika Talavera

- 1 ago
- 3 min de lectura

Con frecuencia escucho a personas decir que la tecnología es la causa del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o que los teléfonos inteligentes están destruyendo nuestra capacidad de concentrarnos. Es una conversación que aparece cada vez con más frecuencia en la consulta, en las escuelas, entre padres y también en los medios de comunicación.
Sin embargo, cuando miramos los estudios, estos nos ofrecen una perspectiva muy interesante. Más que preguntarnos si la tecnología es beneficiosa o no para el ADHD, vale la pena observar cómo la usamos, cuándo la usamos y cuánto espacio termina ocupando en nuestra vida cotidiana. Porque las pantallas rara vez consumen solo tiempo. Poco a poco también ocupan nuestra atención. Y aquello que ocupa nuestra atención termina ocupando, en gran medida, nuestra vida.
Hay un momento que probablemente te resulte familiar.
Entras a la cocina para buscar un vaso de agua. Mientras caminas, escuchas la vibración del teléfono. Lees un mensaje. Aprovechas para responder un correo. Entras a Instagram "solo un momento". Cinco minutos después recuerdas que el vaso de agua sigue esperándote en la cocina.
Aunque parezca una escena insignificante, ocurre decenas de veces cada día. Y, poco a poco, va moldeando la forma en que vivimos.
Vivimos en una época en la que la atención se ha convertido en uno de los recursos más valiosos. Cada notificación, cada video corto y cada desplazamiento infinito por las redes sociales compiten por unos segundos de nuestro cerebro. Nunca antes tantas empresas habían invertido tantos recursos para conseguir algo aparentemente tan pequeño: unos segundos más de nuestra atención.
Hoy la conversación ya no gira alrededor de si usamos la tecnología.
La verdadera pregunta es otra:
¿Quién está dirigiendo nuestra atención?
"Cada notificación parece durar apenas unos segundos. Con el tiempo, esos segundos terminan moldeando nuestra manera de vivir."
Es importante señalar que la evidencia científica no demuestra que los teléfonos inteligentes o las redes sociales causen el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo con una importante base biológica.
Lo que sí muestran las investigaciones es algo más sutil y, quizá, más relevante para todos: el entorno digital puede amplificar las dificultades para concentrarse, especialmente en personas que ya presentan vulnerabilidades para regular su conducta, controlar impulsos o mantener el enfoque.
Los niños y adolescentes con TDAH representan una de las poblaciones más vulnerables. Curiosamente, esta relación funciona en ambas direcciones. El uso excesivo de pantallas puede intensificar las dificultades relacionadas con la atención, la organización y el autocontrol. A su vez, esas mismas dificultades aumentan la probabilidad de desarrollar un uso problemático de la tecnología.
Las investigaciones también muestran que una mayor exposición a pantallas se asocia con un funcionamiento menos eficiente de las funciones ejecutivas: ese conjunto de habilidades que nos permite planificar, organizar, tomar decisiones, controlar impulsos y mantener la atención en una tarea.
La buena noticia es que la tecnología también puede convertirse en una extraordinaria aliada, Hoy contamos con aplicaciones, programas e incluso videojuegos desarrollados específicamente para apoyar intervenciones terapéuticas. En el tratamiento del TDAH, por ejemplo, ya se han aprobado herramientas digitales diseñadas para complementar la atención clínica.
Todo depende de la manera en que decidimos utilizarla.
Cuando las pantallas desplazan el descanso, el movimiento, el juego libre, la lectura, las conversaciones o los momentos de silencio, comienzan a ocupar espacios que el cerebro necesita para desarrollarse y recuperarse.
En cambio, cuando forman parte de un uso consciente e intencional, pueden convertirse en herramientas extraordinarias para aprender, crear, trabajar y conectar con los demás.
Quizá la pregunta tampoco sea cuántas horas pasamos frente a una pantalla. Sino: ¿Qué experiencias estamos dejando de vivir mientras la miramos?
Haz una pausa
Antes de continuar con tu día, observa tus propios hábitos.
¿Cuántas veces interrumpes una tarea para revisar una notificación?
¿El teléfono entra contigo al dormitorio?
¿Hace cuánto tiempo das un paseo sin escuchar un podcast, sin revisar mensajes o sin sentir la necesidad de llenar cada momento de silencio?
Es la capacidad de elegir dónde queremos estar.
Porque, al final, cuidar nuestra atención es una forma silenciosa de decidir cómo queremos vivir.
"Aquello a lo que prestamos atención termina construyendo nuestros recuerdos, nuestras relaciones y, en gran medida, nuestra vida."




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